
Carapaz es de esos ciclistas que nos evocan un ciclismo añejo. El ecuatoriano es de esos corredores inasequibles al desaliento. Persigue el resultado a fuer de perderlo todo por el camino. Siempre termina ganando, porque cuando no lo hace en meta, logra el éxito del recuerdo que solo da la emoción.
Richard Carapaz pertenece a una estirpe de corredores en extinción. En su pedaleo cabe la incertidumbre. En un ciclismo dominado por las matemáticas y por los datos, irrumpe con la imaginación como aliada poderosa. Cuando Carapaz demarra y ataca, entra en escena la «loca de la casa», que escribió la Santa de Ávila.
» Carapaz se convirtió en el gran animador de la tercera semana, asombrando y dando su mejor versión en los Alpes»
Mientras Tadej Pogacar escribía un capítulo más de su monopolio, el ecuatoriano fue construyendo otro relato, paralelo y complementario. El relato del entusiasta. El del corredor que acepta que no puede gobernar la carrera, pero se niega a ser un personaje secundario. Porque siempre habrá un lugar para quien decide atacar cuando los demás calculan sus watios.
La conquista de la eternidad
Carapaz, en el Alpe d’Huez alcanzó la eternidad. Quien gana en aquella montaña se convierte en inmortal. Y lo hizo a la antigua, recordándonos a los escaladores que se levantaban de su bicicleta con la mirada fija, obsesiva y cargada de sangre, la que brotaba del corazón del niño que un día soñó ganar como hicieron los Agostinho, Zoetemelk, Theunisse, Rooks, Pantani, por citar algunos.
El maillot de lunares y el premio al Supercombativo conquistados son apenas la traducción visual de algo que los aficionados ya habían entendido mucho antes. Carapaz fue el corredor que mejor interpretó el viejo pacto no escrito entre el ciclismo y quienes lo contemplan desde la cuneta: el corredor promete intentarlo, el público promete no olvidar.
El ciclismo entendido como aventura
Carapaz es de los ciclistas que entiende su deporte como una aventura. Un ciclismo inolvidable para el aficionado, que agradece tanto ver a un deportista darlo todo, que le es indiferente saber que hay otro mejor o más fuerte que nuestro protagonista.
Dentro de unos años será fácil recordar cuántos Tours ganó Pogacar. Bastará con buscarlo en internet. En cambio, la figura de Carapaz tendrá por añadidura el recuerdo sonriente de quien se hizo inolvidable gracias a un esfuerzo sobrehumano, a una ambición sin límites y a un amor infinito por su deporte.
» En unos años, el Tour del 2026 también será recordado como el de Carapaz en los Alpes»
Porque mientras existan corredores como la Locomotora de Carchi, el ciclismo mantendrá su esencia primigenia. Seguirá siendo un territorio donde los héroes no siempre son quienes más ganan, sino quienes consiguen que una etapa se convierta en un relato.
Tadej Pogačar y Richard Carapaz representan dos estilos muy diferentes dentro del ciclismo de élite. Mientras que Pogačar destaca por su extraordinaria capacidad para dominar cualquier terreno —montaña, contrarreloj e incluso clásicas—, convirtiéndose en uno de los ciclistas más completos y determinantes de su generación, Carapaz basa gran parte de su éxito en su resistencia, inteligencia táctica y fortaleza en las grandes ascensiones. El ecuatoriano ha demostrado ser un corredor combativo, capaz de aprovechar el momento oportuno para atacar y luchar hasta el final en las grandes vueltas. Aunque ambos son escaladores de primer nivel y ganadores de pruebas de máximo prestigio, Pogačar suele imponer un ritmo superior y una mayor regularidad, mientras que Carapaz destaca por su capacidad de sorprender y por su espíritu ofensivo.
Puedes descargar y escucha el Podcast de El Rutómetro en esRadio Baleares en el siguiente enlace.












