
Hace unos años tuve el honor de presidir el 125º aniversario de la Federación Balear de Ciclismo. Fue una ocasión inmejorable para conocer y comprender la dimensión histórica que tuvo el ciclismo en la modernización de Mallorca, así como la influencia sobresaliente de la bicicleta, de sus iniciales competiciones y de aquellos primeros campeones, en el desarrollo de la isla durante la primera mitad del siglo pasado.
Gozamos de grandes corredores, hombres que provocaron la admiración de muchos aficionados, tanto en la pista como en la carretera. A aquellos maravillosos años se les conoce como la edad de oro del ciclismo balear. Numerosos campeones de antaño procedían del mundo rural, de la pagesía.
Eran corredores esforzados, auténticas rocas vivas, fuertes como el vinagre. Hombres capaces de mover desarrollos imposibles, con unas bicicletas que hoy nos parecerían máquinas de hierro. Pedaleaban con una cadencia pesada, lenta y brutal, como si cada vuelta de biela fuera el golpe seco de un martillo sobre el hierro. No buscaban la elegancia del pedaleo, buscaban avanzar. Y avanzaron.

Antoni Karmany y Guillem Timoner, antes del comienzo de una etapa.
El vínculo inescrutable
Si aquellos hombres movían hierro, Enric Mas representa el nuevo y, quizá, último eslabón de tal estirpe. Mas mueve carbono, tecnología y precisión. Sin embargo, en el fondo existe un vínculo inescrutable entre aquella generación y el éxito de Enric. Una fuerza interior, una manera de entender el sacrificio y una capacidad de resistencia, que le ha permitido superar infinidad de contradicciones e incomprensiones.
No siempre fue fácil descifrarle. Ser contemporáneo de una generación invencible, casi perfecta, con corredores capaces de levantar pasiones y recorridos cada vez más explosivos, ha convertido el camino de Enric en una batalla también contra un competidor invisible: un gran público siempre ansioso, impaciente e insaciable de éxitos, acostumbrado a quedarse con el triunfador de los últimos kilómetros.
Hasta que la suerte cambió.
No sería justo interpretar el éxito de Enric Mas en esta Vuelta como un regalo del destino, después del accidente de Pogacar. No olvidemos que el propio esloveno lo definió como «un cohete». El demarraje sensacional de Mas en el Monte Bartolo demostró, en la primera semana, que ya estaba muy fuerte. Nunca sabremos qué habría sucedido si Pogacar hubiera podido continuar en carrera. Sin embargo, no albergo ninguna duda de que el ciclista mallorquín le habría plantado batalla hasta la extenuación, como pudimos comprobar a las primeras de cambio en esta Vuelta.
Hasta el último kilómetro, hasta la última meta, la carrera permanece viva. Nadie puede mirar atrás. Mas no lo hizo. Lució el maillot rojo con una seguridad admirable, disfrutando de la presión de ser el foco de atención y recogiendo, por fin, la mejor cosecha de una vida dedicada al oficio de ser ciclista.

Enric Mas en la presentación del Movistar Team 2025
Un camino que no fue fácil
Enric Mas conquista La Vuelta a España. Y lo hace en un marco histórico: Granada. Con la compañía del Albaicín y los jardines de la Alhambra como testigos de una jornada destinada a permanecer en la memoria.
Un escenario inmejorable para una conquista largamente esperada. El ciclismo español vuelve a ganar una gran vuelta con este mallorquín de Artà, que luce la mejor sonrisa de su vida. Y lo hace escoltado por el regreso de Landa, el otro español que también ha vivido a la sombra de una generación imposible y que ayer consiguió el triunfo de etapa. Doblete español.
La Vuelta toca a su fin y nos deja momentos para la eternidad. Devuelve a Mallorca, tierra de campeones, a lo más alto del podio gracias a Enric, ese hombre discreto y reservado que durante tantos años buscó su lugar entre los grandes.
» Enric Mas ha completado el éxito más glorioso del ciclismo mallorquín en la carretera»
Enric Mas ha completado el éxito más glorioso del ciclismo mallorquín en la siempre exigente carretera. Ha sido el más fuerte de la carrera. Un auténtico capo del pelotón.
El mejor Mas de todos los tiempos.
Y, sin duda alguna, el heredero de aquellos hombres que, hace décadas, movían desarrollos imposibles sobre pesadas máquinas de hierro.
Ellos pedaleaban para avanzar en la vida.
Enric, para la eternidad.

Con el triunfo de Mas en La Vuelta se saldan once años de espera del ciclismo español













Un comentario
Lo has descrito a la perfección; antiguos esforzados campeones mallorquines, Mallorca tierra de campeones y Enric Más ganador de La Vuelta.
Enhorabuena